viernes, 6 de agosto de 2010

CAPÍTULO 5: EL DESVÁN

Paul, Eva y Alissa se encontraban en el despacho. Eva lloraba:
- Alissa, nuestra confianza en ti estaba creciendo, no lo puedo entender, nos estas dando algún que otro problema… y tu ( a Eva) no se en que pensabas Eva.
- Yo se que no lo he hecho bien Paul, pero hoy mismo tenia intención de hablar contigo, te lo juro… ( Alissa no mentía)
- No se si creerte…
- Bueno, ayer nos pidió usted que viniéramos y aquí estamos… ( dijo Eva un poco desesperada)
- No os quedaba otra… (decepcionado) Es tan… no se, Eva. Sabes que hay cámaras en las zonas públicas de al ciudad.
- ¿Como? ( Para Alissa eso era una noticia nueva y sorprendente y tanto Paul como Eva ignoraron su expresión)
- Ahora dame una razón para que no te tengamos que llevar bajo vigilancia.
- Esperad, esperad ( Alissa todavía estaba impresionada)
- No, Paul… por favor. Al hospital no… ( sollozando)
- ¿ Tenéis cámaras de vigilancia? ( por fin atendieron a Alissa)
- Sí, claro. En los sitios públicos se requiere vigilancia. ( contestó Paul )
- Es decir, ¿no se supone que albergáis a gente que no es problemática? ¿ que no necesita vigilancia alguna?... recuerdo el primero día que vine que las murallas eran alas a fueras enormes y había puestos de vigilancia y un hombre con una metralleta. ¿ no crees que es excesivo?
- Puede Alissa, pero yo no me encargo de eso. Cumplo ordenes de mis superiores.
- Mmm ( convencida) Es lógico… además no querréis que se escape alguien que ha firmado un compromiso de por vida…
- Si, Alissa ( con gestos de agotación) exacto… Escuchad.

Tanto Alissa como Eva se removieron en el asiento.

- He hablado con la jefatura esta misma mañana. Se que somos duros y que esto parece una especie de campo de concentración y todo eso, pero intento llevar mi zona lo mejor que puedo y no parecer un tipo de la GESTAPO. Mis jefes me han dicho que tu, Eva tendrás que internar en el hospital para desintoxicarte y tu Alissa… tu tendrás que asistir de nuevo al psicólogo.
- ¿ que? ( soltó Eva con un grito ahogado)
- esto es… increíble Paul ( Alissa se indignaba)
- Esperad, no he acabado. Lo interesante de esta situación es que yo tengo cierto control sobre le destino de los habitantes de mi zona y tomándome un poco la justicia por mi parte he ido a registrar tu casa, Eva… No he encontrado ningún tipo de droga, así que supongo que ha sido la primera vez que lo haces desde que te dejamos salir del laboratorio. Después he hablado con el jefe y le he pedido que no te internen con una condición.
- ¿cual? ( Eva estaba desesperada)
- Que tú ( A Alissa) cuides de ella o busques a alguien que pueda cuidar de ella si tu no puedes, siempre que supervises como le va día a día y cada semana me hagas un informe sobre como le va. Y me lo traigas.
- Bien… ( Alissa obedeció)
- Y en cuanto a ti, no tendrás que ir al psicólogo puesto que el psicólogo de esta zona, si no recuerdas mal, ahora soy yo y como tal considero que no necesitas venir mas a mi consulta.
- Gracias Paul, no sabes cuanto te lo agradezco ( dijo Alissa)

Aquel momento fue mágico. Paul se había convertido en una especie de Mesías para Alissa y desde ese momento reafirmó su posición de que se podía confiar en el. Entonces Alissa y Eva salieron de allí esperanzadas, pero ahora Alissa tenía el cometido de con dejar a Eva. Ella no podía quedársela, tenía otros asuntos que resolver, pero ¿ a quien se la podía dejar?

En otro extremo de la ciudad, anocheciendo, cerca de donde vivía Alissa se encontraba una casa amplia que por dentro estaba siendo ordenada por Corinna. Su marido, Andre ponía la mesa para cenar.

- Dime cariño…¿ se te hace pesado celebrar cuantos años llevamos aquí?
- No,¿por?
- No se… no hablas mucho. Entonces… ¿ que te ronda por la cabeza?
- Nada, no se… pensando... la mesa está lista y la cena también. (sentándose en la mesa).
- Pero cuenta…¿en que piensas?
- No quiero amargarte la velada. Vamos a comer…
- ¡Oye!, se supone que llevamos toda nuestra vida contándonos las cosas, Andre… por favor, me preocupas.
- Bueno, es solo que… nos veo y pienso en que vinimos aquí por nuestra propia iniciativa, ya sabes… tu y yo y nadie mas…
- Por que no había nadie mas…
- Si, eso es… pero éramos felices ¿no?
- No creo… si decidimos venir aquí era por ese vacío que sentíamos.
- ¿Y ahora? ¿ no lo sientes?
- No… o quizá en algún momento, pero creo que nos hemos hecho fuertes…
- O mas débiles… ( creando en su esposa una nube de misterio)
- ¿ que quieres decir Andre?
- Bueno… es lo que te intento explicar. Ahora, creo que me encuentro en un punto en el que he vuelto a cuando teníamos esos problemas con…
- Se con que…
- Si, pues hemos vuelto a estar vacíos como pareja.
- Andre, si , cariño… lo se… hace unos días… bueno unos meses… tuve un sueño.. ( dejando de comer y mirándolo fijamente). Aparecía ella…
- ¿ y el?
- Espera…Estaba yo en casa, nuestra casa, aquella tan bonita con el jardín lleno de rosas y tocaba alguien a la puerta. Era de madrugada, yo dormía. Me levantaba, la puerta no dejaba de sonar y entonces , al abrir me la encontraba a ella, embarazadísima. Y decía que mi destino no era estar aquí. Después entraba y se quedaba con nosotros para siempre.
- Estaba embarazada de el ¿no?
- Supongo…( suspirando) Oye Andre no dejemos que esto nos consuma como antes.


Sonó la puerta. Alguien llamaba. Ambos se quedaron quietos mirando hacia la ventana que estaba deshabitada. ¿ quien sería?.

- Espera abro yo ( levantándose)
- Andre ( al pasar su marido por su lado le rozó la mano)

André se acercó y exhalando un suspiro abrió. Al ver quien era pudo respirar tranquilo.

- Cariño, son Alissa y … ¿Eva?
- Si, Eva.
- Pasad.

Ambas entraron un tanto cortadas.

- Hola, chicas, Alissa, encantada de volver a verte, te gustó el reloj que te regalé en la fiesta?… ( sonriendo como nunca) desde entonces no te veo, ni a Indiana¿ que os trae por aquí?. mmm ¿ como estás Eva?
- ¿Os conocéis? ( dijo Alissa extrañada)
- Si… bueno de las fiestas y de cruzarnos. Esta ciudad no es muy grande. ( dijo Eva)
- ¿Queréis cenar? André ha preparado pasta y va a sobrar porque hoy no tenemos mucho apetito. ( mirandolo)
- ¿Y esas velas? ¿ es una cena romántica? ( preguntó Eva)
- mmm , celebramos los años que llevamos aquí… ( dijo Corinna)
- Que ni siquiera sabemos cuantos son ( dijo André)

Alissa y Eva entraron un poco mas en la sala y La pareja les invitó a sentarse.
- Verás, Corinna… bueno… André, esto también te concierne a ti. Resulta que debo quedarme al cuidado de Eva… una historia un poco larga de contar, pero Paul.
- ¿Paul?... ese…( iba a insultarlo)
- Pero Paul me ha concedido que puedo cuidar de ella o dejarla al cuidado de alguien. He pensado que ahora mismo no me viene bien estar acompañada, sigo un poco desorientada con todo esto y ahora mismo estoy aprendiendo a cocinar y todo eso y… no puedo cuidar de ella.
- Bueno, tampoco es que necesite mucho cuidado… tengo ya mi edad.
- Eva, sabemos a lo que se refiere Alissa ( dijo Corinna)
- Ya… ( vergonzosa)
- Necesito que os quedéis con ella y Eva no tiene ningún problema; de hecho ha sido idea suya la de venir aquí.
- ¿ nosotros? ( dijo André sorprendido)
- Se que esto no se hace así… y no son formas… pero es necesario para mí y para ella.
- Yo se que os vendré bien… ( Dijo Eva avergonzada)
- Ya… pero no puede ser… ( dijo Corinna. Tanto ella como André cambiaron el rostro de su cara). Nunca hemos tenido un hijo y no sabemos cuidar de nadie.
- Bueno, ella solo necesita un hogar, simplemente. No alguien que esté detrás de ella constantemente.
- Ya… comprendo… pero de verdad Alissa no puede ser. Te lo digo de corazón. Ahora mismo no.

Alissa vio como los ojos de Corinna se llenaba de lágrimas y en su rostro vio mucho dolor y sufrimiento. Era como un mensaje codificado que sabía descifrar en ella.

-Lo siento ( dijo Corinna)

Alissa miró a André con la cara de preocupación característica y luego a Eva. Le habló.

- Bueno, Eva, mi segunda opción son Pierrot y Jack…
- ¿También es la ultima no?
- No, la ultima es que te quedes conmigo… ¡Bueno! (dirigiéndose ahora a la pareja de ancianos) Sentimos molestarles, que cenen bien ( levantándose).

Corinna y André se quedaron un poco descolocados y quietos, pero en seguida volvieron a recuperar el ritmo y dejando el tema de conversación que tenían antes de llegar ellas se dispusieron a intentar cenar.


Alissa y Eva salieron del hogar de Corinna y André y se dirigieron de camino a casa. Llegaron a casa de Pierrot y Jack y tocaron. Abrió Pierrot:

- ¡¡Pasad!!
Ellas pasaron y se sentaron en el salón.
- Acabamos de terminar de cenar… ¿donde habéis estado metidas todo el día?
- Bueno, hemos pensando… ( dijo Alissa)
- Mucho ( remató Eva)
Jack apareció bajando las escaleras del desván.
-Aquí las tienes, Jack, te he dicho que aparecerían.
-Ya veo…vaya día. Pensábamos que nos iban a inculpar o algo por ayudar a…
- Chicos… ¿como vais con la habitación del desván? ( Pregunto Alissa cortantemente)
-Fatal, todavía nos queda mucho…
- comprendo…
- ¿ y cuando esté terminada… quien dormirá allí?
- bueno… supongo que nosotros aunque queremos hacer de ella una salita, con un sillón. ( dijo Jack)
-Ya… ( seria)
- Bueno ¿que os han dicho?... nos tenéis con la intriga ( dijo Jack nervioso)
- ¿ Resumiendo? ( dijo Alissa)
Ambos chicos asintieron con la cabeza.
- Tengo que quedarme con ella, cuidarla, y demostrarle a Paul que está bien. Pero no puedo, ahora mismo estoy demasiado… ocupada…
- ¿Ocupada?
- Si… ( pensando en lo que escuchó detrás de la puerta en la fiesta) Bueno… lo que os quiero pedir es… si os podéis quedar con ella unos días, al menos hasta que organice mi vida aquí… que todavía no he empezado. (entristeciéndose) Pero cuidaré de ella yo, lo prometo, solo necesita a alguien que pueda prestarle mas atención y no se sienta sola.
- ¿Eva te parece bien? ( preguntó Jack)
- Alissa me ha ayudado y vosotros también… creo que lo que ella diga está bien.
- ¿Pierrot?( mirando a su novio con cara de interrogante)
- Cariño, como quieras… yo no se nada de esto… aquí los que mandáis sois vosotros… yo no me fío…
- ¿De mí tampoco? ( dijo Alissa)
- Si… supongo que de ti si… ( mirándola)
- ¿ entonces?... ( preguntó Alissa nerviosas)

Una sensación de tensión se palpaba en el ambiente.

-Eva, ( dijo Jack) tienes que mejorar, ¿vale?... si te quedas aquí tienes que mejorar mucho y dejar las drogas… y dejar de ver a quien te las pase. Sea quien sea. Aquí no queremos problemas… por favor.

Eva tragó saliva y mirando al suelo asintió con un sí que retumbó en toda la sala.

-Esta noche dormirás aquí en el salón, en este sillón, mañana nos encargaremos del desván.

Entonces se despidieron quedando en que al día siguiente se verían. Y Alissa ayudaría con el desván.


Esta, cansada llegó a su casa, y se dejó caer en el suelo de la zona que unía el salón con la cocina y mirando boca arriba vio una cuerdecita que salía del techo y acababa con una anilla colgando. Alissa se levantó sin perder de vista aquella anilla y tiró de ella con delicadeza.
Se abrió una puerta pequeña que se separaba del techo y unas escaleras plegadas se abrían acabando cuidadosamente en el suelo. Era el desván, y hasta entonces no se había dado cuenta de que estaba allí. Subió bañada en una espesa humareda de confusión y poco a poco sus ojos se quedaron ciegos por la oscuridad de la sala. Se apreciaba un sitio frío y a Alissa no le gustaban los sitios fríos en los que nadie había habitado nunca. Entonces alargó el brazo para poder encontrar algo de lo que tirar para que se encendiera una bombilla y se hizo la luz.

Pronto quiso apagarla de nuevo. La sala se encontraba llena de cajas embaladas, cerradas; pero fuera de ellas había escrito algo: AFRODITA.
Se le ocurrió abrir una y dentro encontró varios objetos; en primer lugar el primer premio que ganó por su primer disco y al lado una cantidad de cartas y regalos. Entonces recordó. Recordó como esa noche, la que ganó el premio, sus amigos le enviaron cartas a su camerino. Siempre recibía cartas de apoyo, de animo por parte de los amigos que tenía antes de saltar a la fama.;pero sabía que hacía ya un tiempo que se había alejado de sus amigos. Aquella noche que sabía que podía ganar su primer premio supo que esas cartas que recibió eran diferentes. No eran ni de apoyo, ni de animo, ni de cariño. No. Eran cartas de angustia, de insultos de desprecios por haberse alejado del grupo de amigos y haberse vendido. Lo sabía por que antes ya había recibido una llamada de un amigo diciendo que no volviera a llamarlo. Que todo el grupo estaban muy enfadados con ella. Así que ni las abrió. Y ahora tampoco iba a hacerlo. Había pasado mucho y si estaba en Hades era por algo. No quería recordar viejos tiempos, malos y tristes. Entonces lo dejó todo dentro de la caja y apagando las luces bajó del desván y lo cerró. Esa noche se sentía demasiado sola. Entonces, se tumbó de nuevo en el suelo y poco a poco quedó dormida.

En casa de Corinna y André, ambos permanecían sentados en el salón. André leía un libro.

-Dime André… ¿ crees que hemos hecho mal en decir que no?
- ¿Por qué?… ( despegando la mirada del libro)
- ¡dime! ( sollozando) ¿no te recordaba a ella?
- ¿ a ti también?
- si…
-venga, cariño… no llores ( acercándose a ella y abrazándola)
- Ya… lo se… bueno… ¿ crees que es una señal del destino?
- ¡No!, ¡para nada!, no existen las señales del destino. Lo siento, cariño, pero lo pasado, pasado está.
- Como lo que ya está muerto… y no volverá a vivir… ( mirándolo)
-si… ( mirándola).
- ¿Y nuestro nieto? ¿será verdad?
- Cariño… ( intentando convencerla de que aquello no era una señal)


* “A veces nos sentimos solos”. Pensé aquella noche tumbada boca arriba en el suelo. La soledad puede manifestarse de muchas maneras. La soledad que sentimos cuando alguien nos ha abandonado y nos ha dejado a nuestra suerte. Como le ocurría a Eva. O la soledad que sobrellevas con otra persona y que enmascaras en una vida de ensueño, llena de cosas que hacer. Como Jack y Pierrot. También la soledad que creemos compartir pero que sufrimos cada uno de diferente manera y nos machaca día a día y también, día a día queremos negar. Como Corinna y André.

O mi soledad, que fue y será la mas vulgar de todas. Estar sola.
Sí, lo habéis notado; La excusa perfecta para no estar acompañada: Ordenar mi vida en Hades. En cierto modo era verdad. Pero lo que mas necesitaba en ese momento era alguien con quien compartir mis pesares.
También existían otras soledades, eran las que no se sabían que padecían.

Indiana se encontraba en su casa, mirando al vacío en la mesa, terminando de cenar. Andy, su hijo, bajaba por las escaleras.

- ¿ A donde vas Andy? ( dijo su madre sin volver la cara)
- Quiero dar un paseo… Mamá… ¿ me perdonas?

Indiana se puso a llorar desconsolada, pero intentando que no se notara guardó la compostura y copio una sobre que no había abierto pero sabía perfectamente que significaba. Y le habló a su hijo.

- Andy… tenemos que hablar.
- ¿Sobre que?
- Pero prométeme que no te volverás un loco, cuando te lo diga.



CONTINUARÁ…

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