lunes, 5 de julio de 2010

2º CAPÍTULO: LA PSICÓLOGA

AVISO IMPORTANTE: CUANDO APARECE UN ASTERISCO (*)SIGNIFICA QUE LO NARRA LA PRÓPIA ALISSA.


2º CAPITULO: La psicóloga

Alissa permanecía sentada en un sillón de una sala de espera. Paul había mandado expresamente a Robert a casa de Alissa al segundo día de su llegada. Era importante ir al psicólogo. No se sentía culpable por haber echador a correr, de hecho, Robert le comentó de camino que casi todos los que llegan a Hades suelen estar asustados y se arrepiente. Ella no estaba arrepentida, al menos no quería irse. Solo tuvo la sensación de sentirse encerrada, y mas por lo que le comentó aquel guardia sobre la protección de la ciudad. Y Sudáfrica… como podía haber viajado hasta Sudáfrica… Era todo tan extraño…
Los pensamientos pululaban como mosquitos que pican. En esa sala de espera solo había un hilo musical sensible que se repetía al cabo de 2 minutos. Los nervios eran mas reconocibles antes de entrar a la consulta. Entonces se abrió una puerta y se asomó la cara de una mujer, que habló a Alissa.
- ¿Alissa?, Puedes entrar…
Cuando ella se levantó y comenzó a andar, de un golpe se abrio la puerta principal que daba a la sala de estar, Eran dos hombres vestidos iguales, con un uniforme parecido al que llevaba Paul el día anterior pero mas informal. Estos llevaban forzosamente a un chaval rubio, joven, de unos 17 años. Forcejeaba como si se sintiera un delincuente al que han pillado con las manos en la masa, y efectivamente así lo era.
Cuando estaban cerca y cruzaron por delante de Alissa, el se le quedó mirando y entonces ella lo reconoció de momento. Era el chico con el que se cruzó en las escaleras del edificio de salas comunes el primer día y que se chocó con ella porque el iba corriendo. ¿ Iría huyendo de algo?.
Estos dos hombres, encargados del orden público en Hades, metieron al chaval en la consulta de la psicóloga a la que ella se dirigía en ese mismo instante, y cerraron la puerta. La curiosidad era terrible, no podía quedarse quieta sin saber que tipo de situación era aquella. ¿ Y si Hades la que se estaba portando mal con aquel chico? ¿Y si trataban a la gente como a escoria? Lo mismo solo se estaba volviendo loca por el shock que suponía estar allí, pero se levantó. Entonces, desde aquel momento ya nada sería igual para su vida, todo cambiaría y tendría una razón para actuar como actuaría en situaciones futura. Es gesto de levantarse y acercarse a intentar escuchar la condenaba sin remedio a un destino que ella no querría.
Así que apoyó la oreja a la pared, y escuchó algo:
- Andy, es la segunda vez que vienes…¿ por que?
- Se que no debía haber pegado a nadie…
- Ya no se trata de pegar… Se trata del por qué… Me gustaría ayudarte pero no me dejas… Cuéntamelo…
- Déjeme…
- Van dos intentos de atar a un guar…

Pero Alissa no pudo seguir escuchando porque un hombre pasó por su lado y se le quedó mirando, también parecía trabajar en aquel edificio. Cuando ya pasó volvió a pegar la oreja. Hablaba la psicóloga:

- … en tu casa… E iré a verte allí… Creo que es lo mejor…

Entonces escuchó la puerta principal abrir se otra vez y una mujer madura andaba rápido y con cara de preocupada hacía la consulta, abrió la puerta y entró. Al rato salio con el chaval de la mano, tranquilos, y los dos hombre siguiéndolos. Entonces la psicóloga se asomó de nuevo a la puerta y le dijo que entrara. Alissa observó la sala por dentro; era sencilla, y austera. En general todo en esa ciudad parecía ser Austero, hasta el silencio sepulcral de aquella mujer que observaba en un ordenador no se que cosa. Le costó hablar, pero comenzó:
- Dime Alissa, ¿ como te encuentras hoy?
- Mmm ( extrañada) No muy bien… creo.
- Cuéntame todo lo que hiciste ayer…
- ¿No lo sabe? ( interesandose)
- No, no todo…( con una sonrisa)
- Desperté aquí… y no se si he hecho bien… Y bueno…yendo al grano ( con un poco de sarcasmo) eché a correr.
- Y dime… ¿ por qué?
- Me sentí agobiada… ¿Sabe?... No sabía que se iba a formar tanto revuelo… Pero… nose… cuesta analizar la situación.
- ¿ Crees ahora mismo, en estos mismos instantes, que necesitabas el modo limbo?
- Puff el modo limbo, suena tan frío…( afectada)
- ¿ No crees que el simple hecho de fingir tu muerte ya es frío? ( Pensando que con esa pregunta intimidatoria sacaría alguna información)
- Yo lo necesitaba… estaba agobiada. No tenía vida, no tenía amigos, no tenía aquello que muchos tienen…
- Pero tenías fans…miles de personas que te querían…
- No.. querían a Afrodita, no a mí…, A la rubia excéntrica si.
- ¿ Crees que la fama te pudo?
- Me cuesta admitirlo… pero si.. sino no estaría aquí…
- ¿ quieres irte de aquí? o ¿ crees que serás feliz? ¿ Has pensado en el suicidio en los días que llevas aquí?
- Eso no lo se ni yo, ni tu , ni nadie… ( enfadada) ¿ Puedo irme? Me siento cansada y quiero conocer la ciudad…( levantándose e inquieta por lo que acababa de suceder a aquel muchacho)
- Alissa, sabes que puedes venir cuando quieras… estoy aquí para ayudarte. Además si no colaboras te sacarán lo que tramas a la fuerza.
Aquello dejó marcada a Alissa, lo que hizo que se levantara de golpe, asustada.
- Muchas gracias ( abriendo la puerta) lo tendré en cuenta.

Alissa salió respirando hondo. No sabía por qué le había hecho ese tipo de pregunta. Pero se encontraba mal. Ella no quería pensar que ese lugar no le gustaba, era allí donde quería ir y solo tenía que familiarizarse Pero lo de aquel chaval le había quedado como una herida en su memoria. Y pretendía investigar.
Entonces saliendo del edificio comenzó a pasear. Aquella zona de la ciudad parecía ser la zona de administración, control, ayuntamiento. Hospital, etc. Los edificios no tenían pinta de ser casas, y toda la gente llevaba su uniforme con su placa, y se podían apreciar algún médico, un hombre trajeado, Todo en Hades parecía estar demasiado controlado como para ser secreto, pero no quería tampoco sacar las cosas de quicio. Ella no había hecho todavía ninguna pregunta, ya que no había tenido la oportunidad. Conforme andaba, los jardines y parques con árboles se hacían con el terreno y todo comenzaba a hacerse mas hogareño. Había gente que paseaba. Y otros se sentaban en un banco a mirar como algún niño, (que había muy poco) se iba a jugar en la arena. Era una ciudad, pero muy estética. Ya de por sí las ciudades pretenden ser estéticamente atractivas y bonitas pero esta tenía su toque de secretismo. Un aire de artificialidad, como los parques de atracciones; te adentras en ellos y crees que todo es real pero solo son unas fachadas imitando al mundo real.

No se respiraba un aire agobiante, de hecho había muy poca gente. El índice de habitante por kilómetro cuadrado sería bajísimo.

Otro parque se veía y Alissa para descansar, se sentó en un banco. Cerró los ojos y dejó la mente en blanco. Dejando sonar todos aquellos ruidos ambiente de Hades. Y al abrirlos vio de lejos a los dos hombres que habían acompañado a aquel chico, Andy, y a esa mujer, que ella suponía que era su madre. Y volvió a su cabeza el interés por ese tema. Y decidió levantarse e ir en dirección de donde venían esos dos hombres. El camino era una calle con casas a ambos lados, y no se observaba mucha gente. Pero Alissa pudo reconocer, regando el jardín a la madre de aquel chico. Se quedó mirando durante un momento buscándolo pero la mujer se dio cuenta y corrió dentro de la casa, como si se sintiera amenazada. Ese gesto no hizo mas que avivar mas las ganas por saber que ocurría pero ya se había percatado de que había sido muy exagerada mirando, y si había alguien en aquel lugar que sabía lo que era que te intimiden, era ella. Así que se dio media vuelta y volvió para casa; Se hacía el medio día en Hades y tenía hambre. Pero tenía un trabajo que se le había ocurrido por el camino: Hablar con Paul.

Cuando llegó a casa y abrió el frigorífico, una cantidad enorme de alimentos de todo tipo se apiñaban dentro. Ella no sabía cocinar, y no es porque no quisiera o no lo hubiera intentado sino porque nunca había tenido la oportunidad. Era curioso porque un libro de cocina descansaba sobre la encimera y cuando fue a abrirlo sonó el timbre de la puerta.
Asustada, se quedó inmóvil mirando el libro. Abrió la puerta de un golpe pero no había nadie, parecía como si un fantasma hubiera llamado para burlarse de ella. Y efectivamente, un fantasma se alejaba. Vio a la madre de aquel chico andando a un ritmo frenético. Cuando fue a cerrar vio un sobre en el suelo. Lo cogió, lo abrió y leyó:

<< HOY, A LAS 4, EN LA CAFETERÍA QUE HAY DETRÁS DE LA CALLE DEL PARQUE PRINCIPAL. HABLAREMOS>>

Estaba firmado por Indiana Warhol.

Alissa no sabía que hacer, le temblaba todo pero sabía que la curiosidad podía con ella. Al fin al cabo se sentía sola. Tenía dos opciones; relajarse y ponerse a cocinar o ir corriendo a hablar con la psicóloga del asunto.

La segunda opción le pesó y corriendo, fue al mismo edifico de donde hace unas horas había querido. Sabía que la psicóloga no le había dado buena espina, pero con Paul las cosas no estaban como para que la tomara como una loca; Además necesitaba ganarse la confianza de aquel hombre.

Y allí se encontró, en ese pasillo, buscando como un perro que olfatea el hueso. Y encontró el despacho a pesar del laberíntico lugar. Tocó a la puerta pero no había nadie y forcejeando la puerta consiguió abrir. Pensó que con un poco de suerte encontraba los archivos de Andy y conseguía saber que pasaba. La curiosidad le pudo de nuevo pero algo la freno, cayó en sí, volvió a ser racional. Se dijo así misma que eso no estaba bien y que mejor hablar con Paul. Y podía volver la psicóloga en cualquier momento. Entonces se dio la vuelta y corriendo cerró el despacho, agitada. Y justo en ese momento vio a Paul hablando con una mujer que tenía lágrimas en los ojos y el le hablaba en un tono bastante inadecuado. Todo era muy extraño, pero esa enigmática mujer y esa enigmática situación no eran lo que ella venía a buscar. El de lejos vio a Alissa y de golpe se calló y mantuvo las formas y se paró en seco. Alissa pudo ver como el la cogía del brazo y le decía algo mirándole a los ojos. No era una conducta agresiva, así que nuestra protagonista giró la cabeza con tono de desinterés; pero ya se acercaba Paul. Y se alejaba aquella mujer sollozando.

- ¿ Que haces Alissa?
- He venido a hablar con la Psicóloga, he estado aquí esta misma mañana, no entiendo… ¿no trabaja mas? ( sofocada)
- Alissa, tu psicóloga no va a volver más… Te asignaremos otra en cuanto pueda, pero me coges muy ocupado…Voy a comer… ( un poco nervioso) ¿Cómo ha ido esta mañana?
- Mira Paul, no te conozco de nada, en serio, de nada, pero ya te odio, te guardo mucho rencor por haberme enviado a la psicóloga si preguntarme. Ademas, que todo es tan… raro, tan absurdo…
- Son normas, lo siento…
- ¿ y por qué no está?.. ¿ Se ha ido así sin más? ( con lagrimas en los ojos y perdiendo la compostura)
- Alissa… Entra en el despacho. ( refiriéndose al despacho de la psicóloga)

Paul la coge del brazo y la mete de un golpe dentro cerrando la puerta de un portazo.
- Se te da bien tratar a las mujeres por la fuerza ¿no? ( dijo ella en un tono sarcástico)
- Calla, por favor… ( sentándose en una silla)
- ¿ quien es esa? ¿eh?... ¿A todas les dices lo mismo?
- ¿ que? ( sorprendidísimo) Alissa, no has venido en un buen momento… Contestaré a todas tus preguntas y te ayudaré. Ejerceré de psicólogo durante unos minutos y luego… si me prometes que tendrás paciencia con esta ciudad, no tendrás que ir mas al psicólogo, yo seré tu confidente.
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*Paul estuvo hablándome durante un cuarto de hora sin parar. Yo le escuché y todo lo que me dijo me calmó. Al menos en parte. Me dijo muchísimas cosas que me habían quedado claras. Contestó dudas sobre la ciudad, sobre sus habitantes. No todas, pero eso generaba confianza ciega. Pero todavía quedaba abrir la caja de Pandora. No sabía nada de aquel chico, Andy , y quería saber por que notaba algo raro y quería investigarlo.
Paul y yo mantuvimos aquella noche una conversación que, por el momento, no es relevante pero me hizo comprender que no era fácil vivir en aquella ciudad. Y todavía quedaba la conversación misteriosa con la autora de aquella carta intrusa. Y lo mejor de todo es que todo lo que hablé con Paul no hizo nada mas que alimentar mis ansias de saber por qué la psicóloga había desaparecido de pronto y no había dado explicaciones. E Aquí otra de las incógnitas que se me presentaron en mi segundo día en Hades.

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